miércoles, 15 de enero de 2014

Las Canasteras de Quelacasque




                                                                              “Aquí donde el viento cambia el color de las cosas”

    Armando José Ramos                                                                                                                                             Juan Rulfo


De no ser por las mujeres de Quelacasque, el domingo sería un día tedioso, uno más entre semana, si las canasteras no trajeran sus ventas al mercado municipal de San Marcos, de Gracias, Lempira.
Son las mujeres lencas, descendientes de los antiguas mexicas, pues hay algunos documentos que refieren que este sitio fue poblado por indígenas mexicanos que vivían en el barrio Mejicapa, que a finales del XVIII y a principios del siglo XIX se trasladaron a Curaité y por ende Quelacasque, de allí la influencia de sus costumbres y su vestimenta, según apunta un estudio realizado por el joven historiador Jaime E Rivera; por tal motivo los habitantes de este lugar llamado "Quelacasque",  mujeres que se resisten a perder su historia y su identidad, quienes caminan dos o más horas ataviadas con rústicos collares elaborados con sus propias manos, con delantales bordados, largos vestidos de matices vivos y chillantes y un determinado sonsonete que tienen al hablar. Todos estos elementos se conjugan, para darle un toque típico provincial y bullanguero a las antiguas e históricas calles de la ciudad de Gracias. La más vieja de Honduras, que a pesar del tiempo transcurrido aún permanecen quietas y taciturnas.

Las canasteras salen de diversos caseríos, unas vienen de Ojo de Agua, otras del Rodeo, El Jícaro, las más de San José Quelacasque y La Canoa, también vienen de Bella Vista, El Pinal, San Antonio, unas suben y otras bajan cargando sobre sus cabezas canastos elaborados de fibra de caña brava, bolsones de plástico, costales repletos de frutas y verduras frescas recién cortadas.

Así les dicen, así les nombra la gente. “Las Canasteras”. Algunas se ubican en las aceras del mercado “San Marcos”, otras en plena calle, su destino es vender, ofrecer algo de lo que ellas producen, para adquirir algo.

Los compradores y las amas de casa se arremolinan para obtener la despensa de la semana, aquí los precios están al alcance de todos los bolsillos y con un poco de paciencia e imaginación, se puede conseguir de todo para la cocina tradicional, costumbre que poco a poco va desapareciendo debido al auge y la propagación de los exóticos restaurantes de comida rápida, y la falta de respeto, el gusto por los sabores y colores nuestros.

Las Quelasqueñas venden de todo un poco, traen lo que producen en sus parcelas, y en sus casas, compran y también revenden, traen panelas de dulce, para no perder la rancia costumbre heredada de nuestras abuelas, de endulzar el café como en aquellos viejos tiempos, el curioso pan casero elaborado por manos campesinas, cocido en horno de tierra y adobe.

Empanadas de cuajada con pimienta gorda y canela, salporas de maíz blanco y crujientes totopostes, quesadillas de masa con mantequilla, pupusas calientitas de frijol y yerbabuena, de queso y flores de loroco cocinadas en comal de arcilla, ollas, cántaros de barro y redondeados guacales convergen aquí en este reducido espacio y el infaltable olor a hierbas medicinales, para hacer de este pequeño tianguis un lugar obligado para el visitante; a pesar del desdén que los comerciantes establecidos y las autoridades municipales sienten por estas empecinadas y laboriosas mujeres, que ni la tecnología, la modernidad y la tan cacaraqueada globalización han podido medrar su forma sencilla y humilde de vivir.

Este es el micro _mercado del ambulantaje y el regateo, se puede conseguir desde una humilde jicarita para servir frijoles de la olla, hasta una codiciada gallina india, traen dátiles para el postre o el antojo , nances para el fresco o el topogigio, jilotillos tiernos para la sopa de res, jocotas verdes y maduras, piñas, aguacates, mangos breas, culantro de tripa, ayotes, pipianes y los espinosos o patastes, yuca para comer con chicharrón, albahaca, yerbabuena, para olorear la comida, tomates, guineos majonchos para la conserva y comer con chilate, mostaza , ejotes, chiles de verdura, frijol talete ,perotes, maracuyá morada, flores de oloroco, naranja criolla para el fresco, rajas de ocote para el hachón , cebollas , tomate de riñón, marañón extranjero, yerbabuena sembrada en su maceta para la sopa de gallina india, chiloto o chilpepe, chipilín para los ticucos y el caldo, pepinos para la ensalada , las agridulces y silvestres uvillas moradas, ajo criollo , oreganito para condimentar la carne asada y si de antojos se trata no pueden faltar las empanadas de cuajada.

San José de Quelacasque es el caserío más pintoresco de todo este conjunto de aldeas dispersas que se bifurcan en medio de cerros barrancosos como la Mesona y grandes hondonadas.

No deja de sorprender el enmarañado paisaje, los terrenos cubiertos de milpas amarillentas a punto de doblar; todavía hoy en día los campesinos no han perdido la costumbre de cultivar semillas criollas, se pueden encontrar parcelas de maíz negrito y maíz blanco, parcelas que las han sembrado en lo alto de enormes barrancos, y a lo largo de los caminos culebreados.

Para San José no existe carretera alguna, sólo una pequeña brecha que los mismos campesinos han construido y los une con la ciudad de Gracias, se puede arribar hasta allí en motocicleta o caminando a través de un pequeño sendero que bordea las faldas del cerro la Zona, por el rumbo que sale del caserío los Altos .

Sobre el rio Grande hay que atravesar una vieja y desvencijada hamaca, el rio es bastante caudaloso, de corrientes muy fuertes, el camino sigue por las faldas del cerro y el río se pierde en medio grandes precipicios y hondonadas, mientras el caserío se encuentra escondido entre la ladera y el espesor de la montaña.

Esta aldea fue fundada en 1815 con el nombre de Quelacasque, nombre que le otorgó don Mónico Quintanilla, en honor a un hombre llamado Quelacasquin, este sitio constaba de siete caballerías de tierra y pertenecían a siete dueños, según cuentan los lugareños.





martes, 14 de enero de 2014

Gracias Lempira

El castillo de San Fernando

Gracias, Lempira, la Ciudad de los Confines, la ciudadad más antigua de Honduras, situadada en el occidente de Honduras.
Caminar por las antiguas y tranquilas calles de gracias es transportarnos el pasadao historico de Honduras; aqui en esta vieja ciudad podemos encontrar edificiocios coloniales, iglesias que fueron edificadas en tiempos de la colonia, asimismo podemos visitar la antigua fortaleza de San fernando y admirar la ciudad desde ese portentoso mirador, al mismo tiempo podemos observar la tumba del expresidente Juan Lindo.


Atardecer para un poema

El sol se sumergía lánguidamente entre los celajes magentas; era una enorme esfera púrpura, como un ojo colmado de fuego que se comía los cerro. Creo que era enardecido ojo de Dios.

Más tarde se ocultó y sólo quedaron los nubarrones saturados de un color sepia escarlata, en seguida la tarde se puso su antifaz y se hizo desentendida. Como que no miraba.

El aire acarreó de los alcores los olores de la noche, de los liquidámbares los pinos y robles y la canción de los cucúes.

Aquí, así es, el céfiro lleva y trae y el pueblo no se mueve, se queda quieto como un animal que sestea bajo un árbol, es como un pájaro que canta en las ramas de un ciprés; a veces retoza con la brisa, a veces con la neblina, a veces travesiea solo, medio arisco a ratos, a veces manso y otros días no se deja ver.

Al amanecer huele a café recién molido, al atardecer a ocote viejo recién cortado.

Es nostálgico como una estación de tren abandonada a la seis de la tarde; tiene el trajinar del camino viejo y la balada de la garúa naciente. Susurro de pino que coquetea con el viento.








lunes, 13 de enero de 2014

La paciencia del roble


Hay que ser paciente como el roble
que tiene la costumbre de añejar la orfandad del vino

como la fragua y su cansancio de pez
que vomita el aire  para avivar el fuego

la canoa que por breve instante
irrumpe el trajinar del río

la solidaridad de los pinos
en su incontenible persistencia de vivir juntos

y las nubes en su intento por alcanzar el cielo

Vienvenido a mi blog

La paciencia del  escarabajo es un espacio cultural para la publicación de textos literarios, con la intencion de darlos a conocer para que usted amigo lector tenga la oportunidad de conocer y leer un poco sobre la cultura de mi región: cuento, poesia, narrativa, fotografía, articulos de opinión, reportaje, investigacion, crónica.